Los medidores de flujo miden la cantidad de líquido o gas que fluye a través de un sistema de tuberías. Ofrecen visibilidad precisa y continua del flujo de fluidos dentro de la infraestructura, lo que permite a las organizaciones mantener operaciones fluidas, cumplir con los requisitos reglamentarios y minimizar el tiempo de inactividad.

Existen varios tipos de medidores de flujo, cada uno de los cuales realiza diferentes funciones. Dependiendo del tipo de líquido a medir, podrán utilizar unidades másicas o volumétricas. Generalmente, la unidad volumétrica es preferible para medios que no se expanden en el espacio según su densidad. Ya sea que se use un medidor de flujo para monitorear o controlar un sistema, la calibración regular es esencial para garantizar que el dispositivo permanezca en óptimas condiciones de funcionamiento y brinde resultados precisos. La precisión de un medidor a menudo se ve afectada por la forma en que se opera, los materiales a los que está expuesto y las condiciones de instalación.
El proceso de calibración de un medidor de flujo generalmente se realiza en tiempo real, por lo que el dispositivo siempre debe estar dentro de un rango de precisión cuatro veces mayor que el estándar con el que está calibrado. Esto garantiza que la precisión del instrumento no variará a pesar de los cambios en las condiciones o la cantidad de pruebas por las que pasa. Además de la precisión del medidor de flujo, también debe mantenerse en buen estado de funcionamiento evitando contaminantes que puedan dañarlo o provocar un mal funcionamiento. Diversos contaminantes, como suciedad, sal y minerales, pueden afectar el funcionamiento del dispositivo incluso si parece limpio por fuera.